En Multiplica nos hemos propuesto tener uno (o varios) compañeros de viaje. Tenemos claro cuál es nuestro proyecto, qué queremos hacer, cómo y cuando. ¿Pretenciosos? Quizás, pero ¡Realistas!
El negocio de Multiplica es duro. Más aún cuando tienes que lidiar con proyectos y clientes enormes. Necesitamos investigar más, incorporar y formar más talento. ¿El equipo actual? Hay que cuidarlo. Es talentoso e implicado ¿ya lo había comentado?
Está asumido que, salvo que seas millonario, siempre habrá que reportar a alguien. Mejor con alguien que cree en ti, en el proyecto y que respeta tu libertad y enfoque. Peor es ir a “pedir” a los bancos…
El negocio está al rojo vivo. La incorporación de Enric nos va a permitir crear el dream team en métricas. Ahora mismo, ya siete personas dedicadas exclusivamente a ello. Estamos creando hub de excelencia. El nivel es altísimo.
Volviendo al título del post y hablando de acontecimientos relevantes. Ocurrió hace unos días. Para un mortal como yo, haber hablado en un mismo día con tres presidentes de grupos multinacionales es un acontecimiento poco habitual.
Lo comento porque fueron tres aproximaciones muy diferentes. Muy curioso. A uno de ellos, le da pereza moverse por una minucia (”Todavía sois muy pequeños”). El otro nos necesita. Sobre el tercero no se sabe exactamente cuáles son sus intenciones reales. Quizás sea cuestión del idioma…
A veces el gigantismo juega malas pasadas. Desconozco cuál es el punto ideal de equilibrio entre músculo económico y flexibilidad. Para la toma de decisiones rápidas, es complicado. Pero ¿Para qué perder el tiempo, cuando la pieza es tan pequeña? Supongo que deben pensar algunos.
No hay que ser un gran observador para constatar movimientos en grandes grupos de comunicación, muy interesados en configurar redes regionales hispano-lusas muy potentes. De California hasta Argentina, pasando por Brasil y España.
Hay una oportunidad importante. ¿Quién sabe si con tamaño suficiente para ser pieza preciada para alguno de los “big four”?
Me decía un alto ejecutivo -con muchas horas de vuelo- que al final las decisiones trascendentales se toman, no con la cabeza, sino con el estómago. En sentido metafórico, claro está.
Mi encuentro con los tres presidentes se puede resumir muy fácilmente. Uno llama por teléfono. Total, menos de diez minutos.
Con otro almuerzo y se toma una ensalada. Entre el antes, durante y el después, unas cuatro horas. Con PowerPoint incluido.
El último se regala una opulenta cena de marisco (jamás disfruté tan poco de semejante banquete). Acabamos a altas horas de la madrugada…
¿Qué primo de Zumosol elegirías tú?
Sphere: Related Content
Comentarios recientes