Robo en Starbucks: Experiencias de consumo que marcan
12-05-2008 - Escrito en Pienso, Luego ExistoDesde que en 2004 se instaló el Starbucks de Costanera 2777 -cuando por ese entonces yo trabajaba en el Edificio de la Industria-, que acostumbro pasar a tomar un café y en muchas ocasiones a trabajar con mi notebook o coordinar reuniones en esa cafetería.
La experiencia de consumo que ofrecen nunca me convenció del todo:
1) Lo de hacer fila para consumir un simple café
2) Dar mi nombre y que pocas veces lo entendieran y escribieran bien
3) El hecho de tener que esperar por el café y que no pudiera instalarme con mi computador ante el miedo de dejar el equipo solo y que me lo robaran
4) Ante errores en un pedido y toda vez instalada en una mesa, tener que moverme con todo lo que ando trayendo para reclamar el pedido.
Estas son algunas de las variables que siempre me incomodaron.
Sin embargo, volvía claramente por sus bondades:
1) Un servicio amable
2) Un producto de calidad y aunque el café no destaca precisamente por su poder aromático, la cantidad de leche de los "lates" la usaba como una forma de "matar el "hambre" de media mañana.
3) Conexión a Internet gratuita.
4) Un ambiente relajado donde te puedes encontrar tanto con amigos, como con colegas y tener reuniones de trabajo.
En efecto, antes de contar con oficinas propias, los Starbucks nos sirvieron como punto de trabajo y reunión.
Sin embargo, este viernes 9 de mayo recién pasado, lamentablemente fui víctima de un robo en la cafetería que está en Magdalena con Isidora Goyenechea y las aprensiones que ya tenían se confirmaron.
El ambiente relajado que ofrecen sus sillones, sirvió para que en un descuido de segundos -porque así lo demuestran los videos- me robaran mi cartera. Entiendo que no es responsabilidad de la empresa velar por las pertenecias de sus clientes. Pero sí creo que es responsabilidad de Starbucks cuidar respecto de quienes entran a sus dependencias.
Tal como está filmado, los 2 chicos que me robaron me siguieron todo el rato del cambio de mesa que hice. No consumieron nada y se movieron sospechosamente. La práctica que tienen otros cafés de tener guardias me parece justo y necesario.
No culpo a la empresa, pero sí creo que pensando en el precio (no precisamente módico) que cobran por un sencillo café, deberían tener la práctica de derecho de ingreso a sus locales.
Como me dijo una amiga ayer: "el problema Malisa es que el público del Starbucks es otro, son chicos jóvenes". Creo que tiene razón, por más que los Starcucks del sector de El Bosque se llenen de ejecutivos como yo, sus dependencias no están preparadas para proteger a sus consumidores.
Claramente no estamos en el living de nuestra casa y esa es una ilusión de confort que no se acompaña de la debida seguridad.
Agradezco a la gente del local de Magdalena que intentó ayudarme en un principio, pero siento que se desentendieron bastante del cuento después y que realmente no hubo interés por asesorarme.
Escribo estas líneas porque no quiero ninguna otra mujer pase por situaciones tan terribles como ésta donde somos pasadas a llevar, donde no sólo nos roban y perdemos nuestros documentos, móviles, lentes, llaves, y objetos personales; sino donde quedamos vulnerables y -en mi caso- agudizo mi desconfianza a chiquillos jóvenes que andan con mochilas. Nunca se sabe si pueden ser el pololo de tu hermana, o el próximo ladrón que te quiere robar...


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